
El fallecimiento de Gene Hackman y su esposa, Betsy Arakawa, expone una dolorosa realidad: sus cuerpos aún permanecen sin reclamar, un mes después de su hallazgo.
Este silencio familiar plantea una trágica verdad, y es que el dinero era lo que unía a Gene con sus hijos. Al no haber dinero de por medio, tanto los hijos de Gene como la madre de Arakawa se desentendieron de darle la sepultura que merecían.
La morgue no se ha pronunciado aún de qué hará con los cuerpos en casos como estos, usualmente al pasar una temporada sin reclamos los incineran para hacer espacio.
Este trágico final se convierte en un triste recordatorio de que muchas veces la muerte revela quiénes son los que realmente te amaron en vida.